"Si mi don es la palabra... el mundo tiene escrito su destino..." Bruma Antártica.
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sábado, 30 de diciembre de 2017

ÚLTIMA LUNA

Cuando creen ser,
desaparecen,
y de nuevo, a su lado,
ven la sangre correr.
Son ellos los que sangran.
Tanto mal, fatal...
Hasta las cumbres más altas
se empapan de mar.
Y, como pesada carga,
vuelven de nuevo
hasta su más profunda base,
donde su sangre
sólo es agua...
sólo es aire...

Sólo fragancia.
Viene de lejos,
y con la distancia
trae más harapos,
reflejos de otro tiempo,
olvidados,
como el polvo en los espejos
de un anticuario,
al que se le llena la boca,
con tanta arrogancia,
como esa sangre vertida
en las sombras de una noche
perdida en el horizonte.

Se queman y, en ascuas,
las almas en pena aullan...
Quiéreme más que soy la nube,
que sacude las aguas dulces.
Quiéreme o llenaré de humo
todos los pozos sin fondo
de los que salen los sueños,
que soy el azote de los lagos.
Quiéreme o seré la brizna
que se meta en tu pupila.
Cribaré los prados verdes,
llevándome el último aliento
que se desata en la brisa,
que se desata en la lluvia...

Pero sus gritos y ecos
se deshacen en su fuero.
Sin dejar ni una huella.
Sin que puedan querer
a nadie más.
A nadie más...
Tan sólo a ellos.


viernes, 31 de marzo de 2017

PUEDE QUE MAÑANA

Ya no escribo.
Ya he mirado dentro de mí.
He recorrido,
por todos sus sitios,
el mal llamado sinfín.

Ya no verso.
Está todo destilado.
No hay filtros para el pecho.
Las palabras han escapado.

Ya no proso.
Me quema la lengua.
Demasiado coraje.
El viaje...
corre de mi cuenta.

Escribir...
Ya no escribo.
No brotan los rotos.
Tampoco los afino.
Sólo me bebo los añojos.

Lo pienso, lo acallo, lo sé.
No hay trazos o son mudos,
ahogados en posos de café.
Navego sin fe en ese mar turbio.

Ya no hay letras.
Se desconchó la pintura.
He perdido el pincel
y hasta la calentura.

Ya no escribo.
Puede que mañana.
Ahora estoy hendida,
con las gafas empañadas.

Mañana, con el alba,
sacaré mis plantas al sol.
Ya, si eso, otro día
escribiré una canción...

photo by Giacomo della Sera

domingo, 26 de junio de 2016

Cadáver Exquisito: ALFILERES


Deja que te saque esos alfileres
Deja que los cambie por amapolas
Deja que el barro sea el de siempre
Déjate volar más allá de las rocas…

Hoy el sol no sale
se ha cogido baja
otra negligencia
como siempre
y lo paga la luna,
y el mar,
que por ella sufre.

Se apaga la marea
como una mala costumbre,
se incendia el sol de rabia
incendios que no son lumbre.

Toca volver al tajo,
a lo más alto.
y quemarse de nuevo,
para que arda
todo lo malo
como rastrojo en verano.

A ver si así la luna
no se muere de frío,
a ver si así la marea
vuelve a coger su ritmo.

Deja de clavarte esos alfileres,
deja que te bese toda la boca,
deja que la arena sea la de siempre,
déjate volar más allá de las rocas…

Tus alas rotas
se pueden remendar,
tus ojos tristes
se pueden alegrar.

Lo que no tiene remedio
se va quedando atrás.
Sigue pasando el tiempo
y, a veces,
no pasa nada más…

Todos siguen fingiendo
que todo mejorará,
que no hay mal
que por bien no venga,
pero ya se han colado
las penas en mis letras.

Deja de afilar esos alfileres,
deja que siga estando loca,
deja que el suelo esté donde siempre,
déjate volar más allá de las horas…












Poema encadenado (Cadáver Exquisito)


Si quieres participar en un poema encadenado con Bruma, envía tus versos a brumartica@gmail.com

viernes, 6 de noviembre de 2015

FANTASMA TRAICIONERO

A veces siento la presión
de un fantasma traicionero,
de las marcas que dejó,
de sus manos sobre mi cuello.

A veces siento que me ahoga,
que mete su mano entre mis dientes.
Queriendo sellar mi boca,
queriendo matar mi presente.

A veces la inercia me lleva
más allá de ninguna parte,
más cerca de lo imposible,
aunque siempre llego tarde.

Despego hacia una luna
que brilla sin sol ni luz,
con sonrisa moribunda
y funesta tesitud.

A veces recito en voz alta
un alma atormentada y bruta,
y me faltan las palabras
que borren la amargura.

A veces miro y no veo.
El miedo se me adelanta.
Se entremete en mis pasos
y recorre mi espalda.

Muero y no voy a hacerlo.
No voy a cortar mis alas.
Voy a seguir creyendo,
lloviendo en las montañas.

Moldeando cada bache,
hasta que me invada la paz.
Y no dejaré que se marchen
ni la magia ni las ganas de volar.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

SE VA LA LUZ

Se va la luz.
Se apaga lentamente.
Bailan con el viento
los últimos rayos del sol.
Se detiene.
Irse,
no quiere irse.
Pero no puede evitarlo.
Es su inercia.
Su cadencia inamovible
que la mueve sin cesar.
Se va la luz.
Se resiste a perderse.
Se intensifica para dejarse
un poco aquí, un poco en mí.
Se desvanece...
gradualmente.
Aferrándose,
queriéndome decir,
queriéndome avisar
de que sí, hay luz en mí,
en ti, aquí, en todo,
hasta en la noche
que la viene a ver morir.
Que sí,
que se agarra a mí,
y me deja la vida entera,
para que la vea volver,
y partir en las noches en vela.
Demostrándome que al amanecer,
brillando de nuevo,
renacerá sin fin...

sábado, 20 de junio de 2015

VARAS DE MEDIR

Cuántas varas de medir... ¿cuál es tu rasero? 
¿Con qué excusas delimitas tus sueños? 
¿Por qué a la envidia avariciosa de ese rebuscado amor, 
a veces, se le llama celos, y a veces, posesión? 
Y a veces, tanta presión, para que nadie haga nada, 
sólo dedicarse a llevar la vida ajena mejor que la propia... 

Cuántas flores pisadas... ¿cuáles son tus huellas? 
¿Dónde quedaron las marcas impresas 
para que el destino las descubriera? 
A veces, se ve tanto vacío en los ojos de la gente, 
que el silencio parece la mejor forma de comunicación. 

Las personas no hablan, gritan, 
y ya nunca sonríen, ni tampoco lloran, 
por sí se secaran sus ganas de aguantar un día más. 

¿Cuál es tu postura? ¿Cuál, tu etiqueta? 
Dime que tú respiras donde sólo hablan los dedos 
y que no necesitas medir si el tiempo es de terciopelo... 

La pena ha encharcado el barro, 
que se ha formado alrededor de esa estrecha espesura, 
por la que caminan los que se ahogan en su propia rutina. 
Yo veo cómo todo pasa, 
mientras caigo por el barranco de la inercia que ese desaliento infunda. 
Me despeño entre su zurda cordura 
y mi oscura forma de enfrentarme a la bruma que emana esta marabunta... 
Necesito escuchar tus dedos para no caer en esa madeja de telaraña. 

¿Para qué forzar? ¿Por qué no mejor fluir como cuando se improvisa una canción? 
Con lo a gusto que se está aquí dentro, entre tu pecho y el límite del sol...

martes, 16 de junio de 2015

VERSOS DE MARCA BLANCA


Una palma blanca se lleva la alegría y deja la muerte entre sus dientes. Blanca como una paloma, vuela libre por su boca, y por si se equivoca, recita una letanía peregrina, un son que camina, entre su guarida y la sal de las heridas. Los blancos inmortales dan golpes al aire, atraviesan la fina línea blanca que forma un gran círculo periódico, límbico y silencioso, mientras, poco a poco, la sangre derramada germina y se convierte en un rosal, dependiente de una cánula de hambre y vitamina. Blanca bala, como la suerte y la ironía, en guardia cruza al frente y se detiene esperando el milagro de la vida, estrechando la mano al verdugo que le derriba. El blanco corazón se desangra ferviente y expectante. Sin empujar, sin balbucear, sin complacer a la soberbia ni al orgullo, sin renunciar al murmullo de lo siente más importante. Blanca bolsa de maquillaje, que cubre la amargura y el desastre, que tapa las grietas de un hogar con jardín sin flores, sin puertas, ni paredes, ni estantes. Blancas ganas de comerse la vida, de beberse con pajilla los icebergs a la deriva, y tragarse uno a uno todos los puñales que visitan sus costillas. Inhalando las gotas de lluvia que se pierden entre sus dedos. Matando con arma blanca las agujas de su tiempo. Creyendo que ya muertos, no habrá despedida, ni entierro que dé paso a mejor vida. Caballo blanco que monta tanto como es montado, que cabalgando se lleva las plumas de las blancas aves en paro, que no pueden volar, sino saltar desde lo más alto y planear. Blanco cuchillo atravesando los senderos que marcan sus venas, dejando al caballo enclaustrado en su silla de montar, para que galope en su granero cuando no pueda relinchar. Blancas voces calladas que en silencio gritan su dulce crueldad. Le quitan más de lo que da, le mienten y le dicen que no hay más mundo por el que trotar. Ligeras ropas blancas para un fúnebre cortejo. Tú me amas y yo me dejo. Tú me ganas y yo me pierdo. Tú me dices y yo, consciente, sólo sé creer. Blanco viento de flores blancas que huele a café. Para que el mundo del poder compre otro turno en la blanca costumbre de componer, corromper y recomponer.



jueves, 28 de mayo de 2015

LAS REGLAS



Llevaba todo el día estresada. Había ido a primera hora a trabajar, caminando por media ciudad, para ganarse apenas unos euros. Luego, había estado limpiando en casa, los dos niños no paraban quietos y tenía que estar tras ellos todo el tiempo. Su abuela tenía visita ese día, así que al menos no tuvo que cocinar, pero se encargó de ir a por los últimos suministros que faltaban.

Ya después de comer, con la casa llena de gente, de niños correteando o gateando por doquier, sintió que el cuerpo no le daba para más y, sin pensarlo, se dejó caer en el sofá de la salita, cuando la visita le pidió que fuera a ver al bebé que dormía en el carricoche. Llevaba muchas horas en pie y no pudo evitarlo, se le cerraron los ojos y rápidamente quedó sumida en un sueño profundo durante un par de horas.

Cuando despertó, aún con los ojos cerrados, notó que le costaba mucho respirar, como si su nariz estuviera congestionada. Se resistía a abrir los ojos, pensando que al incorporarse se le pasaría dicha congestión, sin darle más importancia. Pero al girarse, notó que algo obstruía su garganta y su respiración por la boca tampoco le estaba resultando fácil. Percibía que algo más grave de lo que creía le estaba sucediendo y se incorporó. Notó que cuanto más intentaba respirar, más trabajo le costaba. Y trató de sonarse, esperando aliviarse así, pero nada, seguía obstruida y no sabía que estaba ocurriendo. Se levantó y fue a pedir ayuda pero, cuando empezó a caminar, notó que algo se le clavaba dentro de la fosa nasal. Se tocó y miró su mano, al notarla mojada. Creía que serían mocos, pero era sangre. También notó que algo sobresalía desde su interior, y ahí se asustó. Fue al baño y se miró al espejo. Apenas veía más que una hinchazón y la sangre gotear. Pero al bajar la cabeza, el objeto se le clavó más. Entonces, en un intento desesperado por respirar bien, tiró del objeto suavemente pero con firmeza, el cual estaba ensangrentado. Quedó perpleja al comprobar que se trataba de un trozo de una regla infantil, de unos diez centímetros, partido transversalmente. Miró la regla pasmada y empezó a ponerse nerviosa.

Apenas había conseguido solventar su problema. Seguía respirando con mucha dificultad. Asustada, volvió a la salita donde se había quedado dormida y ahí no había nadie. El carrito de bebé estaba vacío, aunque en la casa había mucho barullo de gente. Ahí mismo, tras coger unas pinzas y un espejo, comenzó a tirar de nuevo, sacando otros tres trozos más de regla. Siguió hurgando y extrajo un par más. Algunos, pertenecían a la misma regla, pero otros eran curvos, y uno con forma de esquina. Trató de respirar de nuevo, pero aunque había conseguido respirar algo más, seguía notando dificultosa la respiración y esto le ponía cada vez más nerviosa. Salió por la casa en busca de los niños, de su abuela o de cualquiera que le pudiera ayudar.

Todos los trozos de regla rezumaban sangre. Había dejado un reguero tras ella, además de dejar manchada toda la mesa de la salita. Sus dedos también estaban manchados, aunque de la nariz apenas caía un leve goteo.

La casa era de dos pisos, bastante grande, con cuatro habitaciones por planta y en cada esquina un baño. Balcones pasarela a ambos lados de la fachada. Un hogar bastante amplio. Pero le parecía muy extraño no dar con nadie en ninguna parte, a pesar de oír sus voces. Cuando trató de bajar de nuevo a la planta baja, se topó con su abuela, quien apenas se percató de su situación. Le increpó por los niños y la dejadez de la visita, le trató de contar lo que le sucedía pero la abuela no entendía sus palabras, como si hablaran en idiomas distintos y tan sólo se limitó a decirle que igual se había resfriado.

Bajó casi tan enfadada como asustada. Le costaba respirar muchísimo y no conseguía quitarse de dentro de la nariz todo lo que se lo estaba impidiendo. Justo al bajar las escaleras, de nuevo otro trozo le sobresale por la nariz. Ahí mismo, comenzó a tirar de nuevo de dentro de su nariz con sus dedos. Esta vez, también era un trozo de regla, pero su forma ponía la situación más difícil. Era un semicírculo que tenía roto el extremo recto, lo cual a ella le pareció asombroso e imposible. Pero no podía dejarse eso dentro y empezó a girar y tirar al mismo tiempo, haciendo un charco de sangre que al caer hizo un sonido ensordecedor. Finalmente, extrajo la regla. La miró con los ojos como platos. ¿Cómo había llegado eso a su nariz? Miró al suelo y vio la sangre. Se tocó la cara pero apenas caía un hilo de sangre por su mejilla. Se miró en un espejo y vio que tenía el orificio nasal lleno de cortes y aún más hinchado.

Trató de respirar pero seguía habiendo algo que no le dejaba hacerlo con normalidad. Se movía de un lado a otro con nerviosismo y desesperación. Trataba de sonarse con fuerza una y otra vez, esperando sacar algo más. Cansada, ensangrentada y mareada, se sentó de nuevo en el sofá. Agachó la cabeza como la primera vez, por si notaba moverse algo más. Y así fue.

Volvió a tirar, esta vez era algo diferente. Lo notaba en la boca, lo notaba en la garganta. Y, cuanto más cerca estaba del orificio de la nariz, más difícil respiraba ella. Cómo pudo, entre tirones con los dedos o las pinzas, consiguió coger la punta de lo que le obstruía. Era cilíndrico, un tubo cilíndrico de metra quilato transparente, más ancho que el agujero nasal. Con mucho dolor, gritando mientras lo hacía, metiendo un dedo dentro del cilindro para hacer más presión hasta que lo pudo sacar del todo. En ello, se desgarró la cara y la sangre que emanaba le quitaba la vida a borbotones, lentamente.

Ahí empezó a notar un cierto alivio. Tragó saliva y notó que ya no había nada dentro de su garganta. Su nariz estaba rota, se dejó la cara destrozada. Pero ya podía respirar. Ahora se echó a reír mientras lloraba, entre exhausta y apabullada, entre cuerda y paranoica. Sentaba sobre su propio charco de sangre, se quedó mirando entre lágrimas todo lo que se había sacado de la nariz. Trozos de regla, llenos de sangre y viscosidades de la nariz y de la garganta. Reía a carcajadas siniestras tras haber vivido esa angustia, cuando se percató de que dentro del cilindro había algo.

Estaba hueco y, al sacarlo, chorreaba sangre. Pero cuando la sangre se disipó, dentro parecía haber un trozo de papel. Su risa cayó de inmediato. Con curiosidad morbosa, se apresuró a sacar el papel del cilindro. Buscó algo con que empujarlo y finalmente pudo hacerlo con un bolígrafo.


Desenrolló el papel, una hoja arrancada de una libreta, y pudo leer el siguiente mensaje:






“¿OLVIDASTE LAS REGLAS DEL JUEGO? Fin de la partida.”




















(Boceto de Mannequin Factory)



jueves, 14 de mayo de 2015

APEGO


"...La inutilidad de sus palabras permuta su silencio, ahonda en sus yagas y fomenta nuevas algarabías, que les empujan al precipicio doliente de trastos acumulados, de vendas mal quitadas que taparon pústulas antaño, de colchones quebradizos llenos de polvo y de todas las cuerdas rotas de los pianos que nunca se tocaron.

Por doquier, columnas de mástiles encadenados, soldados entre sí, mostrando las calaveras de los cadáveres que murieron ahí, entre sus miles de sueños que, pese a estar descritos, justificados y escritos, nunca se pronunciaron, ni se vertieron, ni se les dio una oportunidad. Sólo se acumularon, bache tras bache, sobre la orilla marina, que los mantenía lejos de la cordura mundana.

Se desvanece la estela de humo que emanaban sus ideas, entre las olas del mar de los tiempos vividos. En el horizonte, sólo se ven flores, campos repletos de hermosas y aromáticas flores, pero parece que no las podrán alcanzar.

Se someterán al triste desvivir que los condena, a la flagrante garantía de que podrán aguantar un día más, sin derretirse en el infierno, y cruzarán sus dedos, cuando sus manos estén clavadas a una cruz brillante, descarnadas y llenas de agujeros, mientras se despiden de ellos mismos, sitiados por las burlas, las replicas y las quejas, embadurnados de la sangre que les brota, rebanados por aquellas palabras hirientes y cortantes que flotan a su alrededor, para apagarse después lentamente, muro a muro, trago a trago, tras las rejas luminosas de un viejo televisor..."

domingo, 29 de marzo de 2015

CHORROS DE ENTRETIEMPO

En la cresta de las olas,
crecen pastos de arena.
Surcan líneas de plata,
dejando suaves estelas.

Se deslizan reflejos
de cuando no nos vemos.
En el agua se escapan
y los devuelve el viento.
Suenan chorros de entretiempo,
cuando los perros se quejan.
Ven las nubes de cerca
y las gaviotas se alejan.

Brotan verdes hojas
entre las dunas negras.
Crecen por la carretera
que la luna les enseña.
Las montañas lejanas
envidian y tiemblan,
disimulan el odio
que adentro encierran.

Y respiran tan cerca
las máquinas de guerra,
presas que retienen
las aguas entre dientes,
y ahogan al bravo río,
al arroyo y al lago,
los árboles se queman,
se devasta el sentido.

Pasa desapercibido…
Pero pasa tan lento…
…que la muerte no es nada…
…El dolor hace el resto…

domingo, 1 de marzo de 2015

CADÁVER CARROÑERO

Un Te quiero
es un cadáver carroñero,
que es capaz de morir de hambre,
mientras alimenta al miedo.
Recoge migajas
que tan sólo relame.
Y pide prestado
el corazón por el que late.

Un te quiero
es adicto y torpe.
Regala lo que busca,
no sabe ni dónde.
Se arrastra por el suelo
Vive entre sueños.
Lo da todo por nada
y muere en su propio fuego.


Un te quiero está tan lleno,
que al darlo te deja vacío.
Y nunca vuelve igual.
Se desvanece en el olvido.

viernes, 7 de noviembre de 2014

NO MIRAR ATRÁS

Silencio en la noche de los abedules.
Sauces alegres sonríen al pasar.
Cientos de aves echando a volar.
Despidiendo al caminante.

Y no, no mira atrás.

El viento golpea los árboles.
Se cierne la oscuridad callada.
Destellos de velos lejanos.
Sedosos hilos pegados 

a un castillo bombardeado.

Luces de tiempo,
que el caminante no quiere ver,
que agravian su marcha,
y le hacen perecer.

Cruza las charcas.
Empuja las zarzas.
Se quema de ira canina.
Pero no, no mira atrás.

Un río y una espada. 

Una roca clavada.
Una madera varada.
Una barca para un navegante.
Una estrella errante. 

Para dejar de andar.
Llegar más allá.
Y no, no mirar atrás. 

Seguir al sol.
Crear la senda y cerrar los puños.
Pero no, no mirar atrás.

Subir, si toca, y bajar, si se puede.
Correr y volar.
Precipitarse hasta el mar.
Caer y gritar.

Morir en cada paso.
Y no.

Nunca mirar atrás.

martes, 14 de octubre de 2014

POEMAS ÁRIDOS (1)

"Sonidos extraños
bajan por mi ladera...
Caen en el mar,
como si esa fuera su meta...
Gotas de luz
que gritan sus sones,
perdidas en las aguas,
en medio de la noche...
Se ven crisantemos
en los ataudes por cerrar,
pero en la luz aguarda
un tiempo sin final...
Aquí y allá está mirando...
El peso de sus encargos
lo arrastrará todo al fondo del mar...
Inacabado proceso
de culpa cubierto,
de rocas sedientas que corren
armando un cielo encajado...
En la vereda de los silencios,
un manantial de barro nace...
Nunca regará cuencas
ni será parte de los mares...
Un ataúd más...
Uno sólo queda...
Quiere guardar la luz...
Pero guarda sólo niebla...
Enterrará su paso y su estrella,
y mecerá a los dragones perdidos...
Traerá baches a su camino
hasta poder destrozar
todas las flechas y calles
que le llevaron hasta el umbral de la muerte...
Reciente la luna llena
quísome llevar a locura...
Que viera la sombra que llaman cordura,
esa que supura en mí a ratos,
aquellos en que la sangre me dibuja...
Supo bien decirme
que aceptara mi camino
hasta llegar a mi cumbre,
al lecho de tierra que me abrirá
la puerta hacia la luz que soy...
Se evaporaron las gotas
y quedó un cerco...
Inborrable, inviolable
Un misterio en un sombrero,
colgado del perchero de un sastre...
Un recóndito hechizo,
en la cima de la furia...
Una rabia contenida
en la memoria esquiva...
Un echar de menos blanqueante...
Un diamante perdido
en medio de ninguna parte...
Y, llorando, le dije:
No dejes que se sequen mis flores,
que la noche es muy fría,
el invierno ya viene
Y trae más melancolía...
Que no se sequen,
que llueva todos los días...
¡¡De aquí hasta el infinito!!
Que seguiré caída,
pero reptaré hasta mi putrefacción...
Daré mi corazón...
Pero ¡¡mantenlas con vida!!
Así, de nuevo al cementerio,
devuelvo el polvo al polvo...
Beso de nuevo a la luna,
y me miro en el espejo...
Veo el tiempo...
Veo la sal y los sonidos...
Laderas abajo caen...
Pero mis flores no se han secado...
La luz no ha desaparecido...
No lo harán jamás...
Es primavera en la tierra
que les hizo brotar...
Tardarán,
pero crecerán...
Y ya la luna podrá irse...
Ya nada será triste...
Ni siquiera el final..."

lunes, 13 de octubre de 2014

ROMÁNTICOS EN LA NOCHE

PROGRAMA DE RADIO DIRIGIDO Y PRESENTADO POR JULIO CÉSAR MORENO TODOS LOS JUEVES A PARTIR DE LAS 21.00 (HORA DE CANARIAS) A TRAVÉS DE www.radiofarodelnoroeste.es DEDICADO A LA MÚSICA ROMÁNTICA Y LAS POESÍAS QUE ENVÍAN LOS OYENTES.
A MENUDO RECITO ALGUNOS POEMAS EN ESTE PROGRAMA, Y EN ESTA OCASIÓN, ACOMPAÑADA DEL GRAN PIANISTA CLAUDIO MASSÓ DEL CANTO.
ESPERO QUE LES GUSTE.


ENTRE LA TUMBA Y LA PENA

"En mi lecho hay una tumba,
por eso nadie duerme,
sólo el silencio se queda
junto a mí y mi mala suerte...

En mi pecho hay una pena,
por eso está frío y vacío,
sólo la noche se queda
junto a mi lluvia y tu olvido...

Entre la tumba y la pena,
un lazo azul celeste
que, cuanto más lo cortas,
más azul se vuelve...

Y así, en mi barro se quedan
los trocitos cortados
para que puedas seguir
mirando a otro lado...

En mi canto no hay luz
por eso nadie me sigue
sólo la triste melancolía
que a mi vida consume...

En mi error hay un acierto,
por eso nadie llora,
por eso sólo la luna se queda
junto a mi vela rota..."

jueves, 25 de septiembre de 2014

UNA HISTORIA DE PAPEL

¿Descansar?

Descansaré...

De ti, de mí,
de nuestro fuego,
de nuestras ganas,
de tanto sufrimiento
que arrastra mi alma...

Descansar...

Cerca del muro,
donde arrancar las llamas
de las voces que nadie gritó,
de lo que nunca se supo...

Rebobinar...

Y encontrar tantas paredes,
tantos colores en blanco,
asustarme de quererte,
y perderme,
dentro de este armario...

Renunciar...

A todo lo que parece,
aquello de que carece
el corazón verdadero,
que me conmueve...

Y empujar...

Todas las horas perdidas,
todas las podridas mentiras,
y todos los sueños de que desperté,
hacia un nuevo amanecer...

Entender...

Dejar que me mientas,
hacer que te sientas,
como no se siente nadie,
hacer que vomite,
cuando suspiro en el aire...

Descender...

...y resurgir tan firme,
tan cabal y concisa,
incluso empachada,
del magma de una sonrisa,
preguntando a la luna,
¿me bajo aquí?
¿es esta mi estación?
¿es esta mi canción?
¿es donde me perdí?

Y pedir...

Un sólo deseo...
...que no se acabe,
que soñaría hasta morir,
no dejaría que se escape
ni un segundo así...

Ya no voy a recordar...

Olvidaré que existe el tiempo,
que quise otros mundos
que me hacían sufrir,
doliendo los misterios,
fraguando entre besos
que debieron ser invencibles
pero se murieron,
y ya no están aquí...

Primero...

Deja volar y vuela,
recorre todos tus campos,
seduce a las amapolas
con tus besos de barro...
calcina mi brasa,
esa que me consume,
que quiero vivir mi reino,
que mis heridas se curen,
que ya me quemaste...
diabla por diablo,
infiernos que interrumpen
el batir de mis alas,
queriendo salir
de este campanario...

Después...

Sal de mi sal y reza,
porque has perdido
de mi amor, su pureza...
de mi pecho, el lazo...
de tu vida, mi esencia...
ganando, sí,
de nuestro hola,
un doble adiós en tono añil,
terribles ganas de escupir
aquel falso cariño,
que dejaste dentro de mí...

De nosotros...

Ya poco por descubrir,
ya poco por escribir,
imprimiendo estoy en mi boca
letras pintadas en el cielo,
palabras con fundamento,
y ya no quiero revivir
los silencios que me comieron,
la locura en la que caí,
creyendo como imbécil,
pero creyendo,
como nunca creí...

Ahora...

No hay hora,
no hay momento,
sin que brote,
en el que no se me note
que soy feliz...
no me calles,
no me acuses,
no desates
aquel amor varado,
anclado a un desierto
que me vendiste como hogar...
has tirado a la basura
el amor que vomité,
justo antes de volar...

Te fuiste...

Me despreciaste...
y, con tus flores,
tus voladores templos,
tus cuentos secretos
y tu plan de esperar,
soltaste mi mano,
esa mano
que ahora se sostiene
con amor de verdad...

Y lo sé...

No por vendas,
no por máscaras
de oscuro satén,
sino por sus ojos,
esa verdad que me mira,
ese palpitar y esa vida,
esa que me quisiste robar,
y que ya nunca...
No me podrás quitar...

¿Descansar?

¿Cómo voy a descansar...?
Ahora toca tocar
el cielo con los dedos,
y levantar
los pies del suelo,
después de tanto llorar...
toca agarrar,
correr y saltar,
ganar batallas,
abrazar...
perder las ganas de perder,
no dejarse convencer...

Y saber... ya sé...
No hay vuelta atrás...
...en esta historia de papel...

MALTORA

Patético mundo
busca y derriba
o eso crees que consigues
el miedo te azota
y nos quieres manchar de sangre
dejando que las mentiras
te aparten de las espinas
que tú misma forjaste.

Pero así son las cosas,
y si me tienes miedo, te jodes,
y te compras un duro de bosque
porque yo no he acabado,
yo estoy empezando,
he dado la vuelta a todo y ahora
lo negro es blanco

De hoy y hasta hoy,
solo me arrepiento
de haber fallado a una amiga,
pero de lo demás ni un acto,
todo hecho a mi medida,
he lanzado piedras y he gritado,
he cogido el cielo y lo he quemado,
pero nada me hace ya llorar,
que no sea no poder ser yo misma.

Yo misma y mismo,
algo que nadie entiende;
y, ¿sabes? triste boca sin hombre,
que tus cuervos
no vendrán a comer esta noche,
porque se han comido mil gatos,
antes de que tu mierda me retumbe.

No perdonar es terrible,
te comes tu rabia y te consume.
¡Pobre niña de tristes harapos!
Vive tu vida y descubre
que nada ganas si te cubres
con esa pintura vieja.
Tus heridas son tu moraleja.
Mis armas son mis zapatos
y mi lecho tu nunca lo has pisado.
No me hables de pintura
que ya se ha oxidado.

Palabras por palabras,
y a palabras no me ganas.
No traigas gaitas contra mi flauta,
porque si no se quedó en tus bragas,
es porque tienes ¡garras!
y sólo puedo añadir...
¡¡el infierno sea para ti!




...Dedicado a aquellas "personas" que no se quieren, y quieren herir a los demás...

viernes, 8 de agosto de 2014

MOLINOS DE VIENTO (adelanto de "EL DIARIO DE BRUMA" el libro)

Se aglutinan las palabras
no dibujadas en mi boca...
Me abrasan ganas y rabia
por igual y sin espera
Me dividen los molinos de viento
y me dejan atrás
Me estoy quebrando
en la vana idea de dejar de soñar

(Y empezar a vivir)

Nací tan triste que aún lloro
igual que el primer día
Siento que he amado equivocada
la misma idea de amar
Me dolió tanto
la primera, la segunda, la tercera...
Respiro humo blanco
que ayer fue fuego ciego
Sucumbo ante la idea
de ser yo contra el universo
Me nace un candor
no voluble que no duele
Mientras todos los dolores
se pasean por mis bragas
Mientras lanzo monedas
a un estanque sin agua
Y miro de reojo al tiempo...

...para ver cómo me arrasa....

domingo, 8 de junio de 2014

SESENTA Y CUATRO PUÑALADAS

Hurtando la alegría para no morir más todavía
Bajando escalones para subir a la cima
Leyendo los cadáveres que dejamos con vida
Bocados de realidad en aguas cristalinas
Derechos sin poder ni bendición contraída
Levantando cada pie tras cada caída
Sulfatando los corazones de mentes desvalidas
Acariciando las púas que matan valías

Así, acaparando la contradicción,
la marca de la casa es la cojera,
la cara amarga de la claridad,
los besos rotos de una mala novela

Descifrando el dolor y la paz en cada línea...
Mal sabor y cenizas de otra pétrea despedida...

8x4x2

sábado, 31 de mayo de 2014

CORAZÓN DE HOJALATA

Con el yermo puesto,
me voy a todas las rebajas,
creyendo que la suerte
será mi compaña,
que la brisa se llevará
esa fría distancia,
y que nada me duele,
que soy de hojalata...
Por lo que paso y piso
que no voy esperar,
que de nada me unto,
que no me quiero ensuciar,
que veo veneno donde bebo,
y no miro donde hay que mirar...
Y sé que son grandes las flechas,
pero los ciegos, lo son más....
Otra vez de reojo,
la puerta observa,
el colchón se arruga
y las flores despiertan...
Las pasas repasan,
las agujas se tuercen,
las nubes no cuentan
la luz se estampa y muere...
Y no hay cuchillo fino
para tanto embalaje...
Ni armadura ni escudos
contra tanto coraje...

Sólo hay cenizas de plata...
para un corazón de hojalata...