"Si mi don es la palabra... el mundo tiene escrito su destino..." Bruma Antártica.

viernes, 20 de enero de 2017

El Dios que somos

Todo fue porque fuimos, somos y seremos. Siempre hemos estado, creando. Somos un fractal de nosotros mismos, de nuestro propio ser intangible. Cada una de tus células eres tú, al igual que cada uno de nosotros formamos, junto al resto del universo, nuestro verdadero yo supremo. Entendiendo esto, se llega lógicamente a la conclusión de que el universo somos nosotros mismos, el universo somos yo.
Aquello que llamamos nuestra esencia, es nuestra verdadera existencia, y todo en conjunto forma una conciencia colectiva en la que nos reflejamos y en la que hacemos que todo se refleje. Todo se comporta como queremos que se comporte. Soñamos todas las posibilidades entre las que escoger, y escogemos la que finalmente llevamos a lo que llamamos realidad. Somos creador y creación. Nos creamos así, tal cual somos, sin dejar de ser lo que hemos sido siempre. Somos capaces de construir lo que llamamos futuro desde nuestra mente. Inventamos el tiempo para dar fe de nuestra existencia. Pero no está únicamente por los humanos corporeos en los que nos hemos metido, sino por cada ser, materia o energía que conforma el total. No tenemos la exclusiva, no somos más especiales que el resto del universo. Somos el observador y el observado. Somos el criterio, la norma y la escepción. Somos una posibilidad más, sólo que preferimos que esto que somos se manifieste por encima de lo demás, le damos la importancia más conveniente para la minúscula existencia que nos hemos dado, tan sólo, por el mero hecho de la experiencia. Experimentar la vida, la manipulación de materia, para lo que hemos creado un sentido, una razón. Lo que nos falta recordar es el motivo, pero nuestra variación depende de lo que consigamos significar.

sábado, 7 de enero de 2017

LA BRUMA DE LOS ESPEJOS



¿Tú eres el viaje? Yo soy el viajero

Miles de almas en el paso de las brumas, esperando su juicio, su equilibrio, su balanza…

Demonios, animales, almas puras, personas sin distinción atraviesan de igual modo el lago de la justicia, esperando no ser devorados por sus propios errores, por su propio destino.

Todo está oscuro y es confuso, hasta para mí, que llevo aquí demasiado tiempo. Miro uno a uno a todos los que pasan, caminando por este sendero abrupto, convencidos del vacío, midiendo el peso de su vida, esperando no ser juzgados, pretendiendo encontrar un final para lo que no tiene final. Hace tiempo que no como nada, como si al mirarles me quedara parte de su dolor, de sus miedos, de su esencia. Algo de cada ser se queda en mí, vive en mí. Será eso a lo que llaman eternidad.

Todos esperan al barco. Ese famoso barco del que hablan sin parar. Buscan al barquero junto a la orilla. Pero aquí no hay juez, ni emisarios, ni verdugos ni castigo o penitencia. Todos me imaginan con barba blanca y ni sueñan con quién puedo ser.

Desde el comienzo del viaje se puede ver en el horizonte las brumas púrpuras que lo desvanecen todo. Cuanto más cerca de ellas, más certeza de que todo lo que creían es mentira, hasta la realidad. Pero camines hacia donde camines, sólo hay una dirección a la que llegar. No importa si corres, si huyes o tratas de escapar. Aquí esas cosas no tienen efecto, aquí sólo se refleja la vida. Aquí ya estás muerto.

¿Tu eres el viaje? En la orilla de las aguas oscuras, oigo estas palabras una y otra vez. No sé cuánto tiempo llevo aquí, escuchando esto. Pero en asentir, todos repiten lo mismo: Yo soy el viajero. Y paso a paso, se adentran a donde no hay regreso, ni salida, ni final. Esas aguas que no reflejan nada, que absorben todo, menos la bruma que las oculta, están llenas de memorias, de sueños y pesadillas, de sensaciones y hasta de esencias indescriptibles. Todo fluye aquí, en su perpetua tranquilidad. En una paz profunda e inquebrantable, que nubla los pesares traídos, que esconde las guerras internas de cada uno, y desnuda los anhelos insatisfechos, de cada una de las mil vidas que cada quien lleva a cuestas.

De aquí ni se entra ni se sale. Siempre estamos aquí, incluso cuando creemos que todo lo que existe es lo que vemos. Es un peregrinaje continuo, vida tras vida, que nos trae hacia el lago, y sin dejar de caminar, cruzamos esa agua y su bruma, hacia el sendero elegido.

Somos fuego, el camino y los caminantes, el viaje y el viajero. Somos fuego, sosegado en estas orillas. Fuego que alimenta la bruma, que se mezcla con las negras aguas justas, vaporizando las dimensiones hasta cruzar al otro lado.

El otro lado.

No es un más allá, ni una luz al final de un túnel. No son tus familiares viniendo a recogerte. No hay cielo ni infierno. Todo es uno. Todo es diferente. El otro lado es también este, pues sólo es otro estado más de la consciencia, un estado sin limitaciones, pero a la vez, regido por leyes nunca escritas, desconocidas sin condiciones.

Observo y siento todo lo que sienten, hasta lo que ni saben que sienten. Puedo traspasar con ellos cada frontera y vislumbrar su andadura, sin que el tiempo se entrometa. Veo cada sendero antes de ser descubierto entre las brumas rojizas, el único color que se distingue aquí.

Tengo un papel en todo esto. Soy consciente de tener en mi mano todas las llaves y cerraduras, de soportar el peso de todos los pasos andados. Tras de mí, un séquito de candados oxidados. Ante mí, la ecuación perfecta. Nada se puede cambiar, no hay lugar a opciones, pues aquí son y están todas las opciones.

No respiro. Nadie lo hace. No es necesario hablar ni interactuar. Nadie lo hace. Aquí todos van abriéndose camino sin choques, como si se tratara de una extraña pero coordinada danza, dirigida por un coreógrafo exquisito. Un baile sin más música, que toda la música a la de una.

Se oye todo. Aquí todos los sonidos se dan a la vez, formando un sólo eco. Hasta se puede escuchar la nada, entrelazada con todos los demás tonos. Es ensordecedor. Y aún así, es precioso. Una vibración culminante, embriagante, una sabiduría total, un mecer de almas.

Es tan apacible y sin embargo, triste. Aunque quizás esa tampoco fuese la palabra más correcta para describirlo. Hay una melancolía, sin esperanza, que confiere una sensación de aceptación. Como si la certeza lo invadiese todo haciendo que todas las demás sensaciones se dejasen llevar.

Un fluir de almas y yo, en todas y en ninguna. Una ambigüedad que se contrarresta a sí misma. Aquí la dualidad es uno. Aquí todas las sumas dan uno. Siempre uno. Siempre ha sido y será, aquí, así, el tiempo no interfiere aquí.

Así que no puedo entender lo que ocurre con aquel demonio y los dos polizones de su espalda. Un hueco en su espalda, completamente circular, como si hubiese sido hecho a propósito para albergar esos dos cuerpos, de masa y agua, de materia tridimensional, que se han colado en este plano, como si hubiesen roto todas las normas.

El demonio camina a través de su desierto rojo. Un atardecer eterno en su horizonte, dando más rubor al cielo, y sus nubes juegan con la escasa luz, coloreando esa visión que le acompaña. Su demoniaca naturaleza, afecta a su camino. Su existencia está marcada por el alma que lleva dentro, viva la vida que viva, en cualquier momento. En cualquier forma en la que se hubiera adentrado en el lago, no sería importante, pues igualmente acabaría cruzando su desierto sin luz. Un viento erosionante le rodea; doloroso y flagelante, se incrementa a cada paso. Es tan apabullante. Se quema cuanto más frío se hace. Aquí todas las contradicciones pierden el sentido.

Pero los dos polizones son de otra estructura, sus cuerpos no se pueden mezclar. Se han incrustado en ese demonio, en su espalda, girando y girando hasta crear ese círculo en que están metidos. Ahondando en la carne inmaterial del demonio, sin poder entrelazarse con él, se han quedado atrapados en un infierno imposible aquí, un desequilibrio que nunca debió llegar hasta aquí.

El agua se turbia y burbujea al tacto con el demonio poseído. La bruma se hace espesa y rígida. La oscuridad acrecienta. La desazón aparece.

No es posible. No se puede sentir sino certeza. Aquí todo está resuelto a la vez que se está resolviendo. Aquí no existen cambios. Todo es uno. Es equilibrio. Y se está tambaleando.

El horizonte del demonio ahora es todo el horizonte. El anochecer sin fin está ante todos y el viento mortal se está dispersando.

Esos dos seres, metidos en un infierno que no merecen, sólo por estar donde no deberían, sólo por buscar una salida a través de una pared que no pueden traspasar, lo han cambiado todo. Pues todo se ha reajustado para que siga siendo uno la suma de todo.

Yo lo veo tan claro. No ha pasado y está pasando. No he interferido nunca, no conozco el miedo ni la trascendencia, sólo lo huelo a mi alrededor, sin llegar a hacerlo mío, un alimento que no mata el hambre, pues la saciedad siempre va delante.

No dejo de hacer cuentas y los números no me salen. Algo no cuadra y no acierto a averiguar el porqué de este evento, simplemente soy consciente, lo presiento mientras sucede, antes de que sea, y hasta lo recuerdo.

Todos me dicen: ¿Eres el viaje? Yo soy el viajero. Son las palabras que resuenan antes del chapoteo en el denso lago. Esta vez, contesto: Acaba tu infierno y muere aquí mismo. La incertidumbre debe salir del camino. Yo soy el viaje. Un viaje por viajero. Un sendero por alma. El viaje eterno. Sin prisa ni pausa.

Entro en ellos, los expulso. Y los arrastro de nuevo a la orilla, uno por uno. Libero al demonio del crudo viento. Todo se endereza, todo color desaparece, todo miedo huye.

Frente a los polizones extraídos, con las brumas fluidas tras de mí, observo sus rostros, que aún conservan. Son pequeños, casi minúsculos, pero han tergiversado el total. Miro sus ojos, son mis ojos. Miro sus manos, son mis manos. Yo, mi dualidad frente a mí. Mi camino se ha disuelto bajo mis pies. Cierro los ojos mientras siento la humedad. Me sumerjo en las aguas, que se vuelven cristalinas a través de mí.

Ahora lo sé. Yo filtro su poder. Mi poder y mi destino son uno. Me diluyo. Mi fuego se vaporiza en esta agua. Y vuelo. Soy ahora la bruma de los espejos. Yo soy la certeza que siempre ha alimentado el camino.

No hay fin. Son mil vidas en un alma. Y después…



Todo. Nada. Uno.

martes, 22 de noviembre de 2016

MANTRA VS CULPA

"No dejes que me lleve la muerte
Deja que me derribe sólo la vida
No dejes que me alcance su noche
Deja que siempre sea de día.
Olvida que duele y camina
Recuerda que esto no termina
Asegúrate de ver sólo la luz
Aunque las nubes te lo impidan.

Y así, un pensamiento tras otro
Este es el miedo con el que te castigas
Te niegas tu propia naturaleza
Te privas de sentir tal y como necesitas
Hasta no sentir ni siquiera si existes
Para que no duela más y más
Pero duele, es cierto, duele mucho
Evitarlo, no lo vas a poder evitar

Afronta tu negación y reconócete
Haz las paces contigo, perdónate
Vuelve a quien eres y déjate errar
Déjate volar a través de la realidad
Fluye y visualiza, redescúbrete
Destruye los muros que no te dejan ver
Invéntate una nueva realidad y fíjate
Eres todo lo que siempre quisiste ser"





#MePermitoVivir

#MeAceptoConLoBuenoYLoMalo

#SoyLaMejorVersionDeMi

jueves, 4 de agosto de 2016

¡QUÉ RARA SOY! ME MEREZCO UN MUNDO APARTE

La vida paralizada y la pillería en danza. Cabezas que ruedan, huecas de sentido, y se deslizan hasta el mar como el hielo derretido. Y no está la mía entre ellas, yo ya caí y me sigo levantando. No perdí la cabeza en deslumbramientos falsos. Me quedé siempre tan cerca de la verdad... que nadie me puede encontrar... Nadie me encuentra... a mí....
A mí, que soy dos, que soy un par de tontos, un par de ojos, un par de manos... Un par para caminar, para entender, para volar...
La vida quemada, deshabitada, mientras que los astros se baten en duelos de venganza necia y absurda, mientras las flores se marchitan y caen al fondo de una salina...
Mi sangre brota, ya no son lágrimas, no es ni pena ni gloria... Brota mi ser, mi raíz, mi inercia... tengo tendencia a ser yo y perderme en esa sonrisa...
La vida malgastada en tatuajes de falsas heridas, en gritos despedidos sin medida y sin motivo, para luego acurrucarse en un agujero, alejándose de la lluvia que es la vida... La vida...
Derretida al calor glaciar y me preguntan si soy o si vendo... Yo no vendo... yo ni soy... lo que soy no es más allá de mí... de mí... que soy dos... una vez por mí... una vez por ti...

domingo, 26 de junio de 2016

Cadáver Exquisito: ALFILERES


Deja que te saque esos alfileres
Deja que los cambie por amapolas
Deja que el barro sea el de siempre
Déjate volar más allá de las rocas…

Hoy el sol no sale
se ha cogido baja
otra negligencia
como siempre
y lo paga la luna,
y el mar,
que por ella sufre.

Se apaga la marea
como una mala costumbre,
se incendia el sol de rabia
incendios que no son lumbre.

Toca volver al tajo,
a lo más alto.
y quemarse de nuevo,
para que arda
todo lo malo
como rastrojo en verano.

A ver si así la luna
no se muere de frío,
a ver si así la marea
vuelve a coger su ritmo.

Deja de clavarte esos alfileres,
deja que te bese toda la boca,
deja que la arena sea la de siempre,
déjate volar más allá de las rocas…

Tus alas rotas
se pueden remendar,
tus ojos tristes
se pueden alegrar.

Lo que no tiene remedio
se va quedando atrás.
Sigue pasando el tiempo
y, a veces,
no pasa nada más…

Todos siguen fingiendo
que todo mejorará,
que no hay mal
que por bien no venga,
pero ya se han colado
las penas en mis letras.

Deja de afilar esos alfileres,
deja que siga estando loca,
deja que el suelo esté donde siempre,
déjate volar más allá de las horas…












Poema encadenado (Cadáver Exquisito)


Si quieres participar en un poema encadenado con Bruma, envía tus versos a brumartica@gmail.com

domingo, 13 de marzo de 2016

TRISTE VERBO

Otra vez me invade esa asquerosa tristeza. Ese dolor que, entre todos los dolores,  nadie puede comprender. Ni siquiera puedo expresarlo, nunca he tenido que hacerlo, nunca he aprendido. A nadie le ha importado cuando me ha dolido y en nadie he visto ese dolor. Es como ese deseo con el que aprendes, con el que devoras la vida, ese que devora mi espalda, mi alma y mis manías. 

Mis letras son presas, tristes presas retorcidas de dolor. Creen que los poemas son amor, pero son gritos, son desesperación, son frustración, son gemidos, son dolor, pero ¿amor? No, amor no son. Inspiro y no es confianza lo que respiro. Exhalo y no es aire lo que sale de mí. Tristeza, dura y vaga tristeza. Ese dolor que nadie ve ni quiere cerca. Vive en mí, huyes de ella. Huyes de mí. Como el tiempo, como el calor, como el sueño... 

Soy tanta carne, tanta sangre roja…

Gasolina prendida con roces a una cerilla. Cerilla atada a un cubo de agua fría. Humo, humo, humo… Se disipa en la atmósfera la certeza de que todo es verdad sólo porque las palabras lo dicen. El llanto delata la mugre que atormenta la consciencia. La brasa… nunca lo fue, ni ascua siquiera. Sólo un papel cargado de letras humeantes, demasiado sinceras para poderlas leer.

¡Triste verbo absurdo! ¿Qué te llevó a creer? Las noches son embusteras, los huecos son cadenas, el barro no es tan mal lugar. ¡Ay, triste verbo! Crédulo y mojado, nunca aprenderás. Verás las llaves caer al fondo del mar. Oirás el eco de los graznidos de la paloma de la paz. Sentirás todo lo que es posible sentir, incluso más de lo que imaginas. Pero no despertarás llamas en el agua. No serás el final.

Tristeza, ciega y muda tristeza. Me quitas la vida. Con las prisas, la noche se termina y el día también se va. Me matas, cada vez que comprendo que vivo en ti, lejos de todo, hasta de mí. Tienes que entender que yo tampoco te quiero. Porque ese dolor por el que vienes ya me ha roto en mil pedazos… 


viernes, 6 de noviembre de 2015

FANTASMA TRAICIONERO

A veces siento la presión
de un fantasma traicionero,
de las marcas que dejó,
de sus manos sobre mi cuello.

A veces siento que me ahoga,
que mete su mano entre mis dientes.
Queriendo sellar mi boca,
queriendo matar mi presente.

A veces la inercia me lleva
más allá de ninguna parte,
más cerca de lo imposible,
aunque siempre llego tarde.

Despego hacia una luna
que brilla sin sol ni luz,
con sonrisa moribunda
y funesta tesitud.

A veces recito en voz alta
un alma atormentada y bruta,
y me faltan las palabras
que borren la amargura.

A veces miro y no veo.
El miedo se me adelanta.
Se entremete en mis pasos
y recorre mi espalda.

Muero y no voy a hacerlo.
No voy a cortar mis alas.
Voy a seguir creyendo,
lloviendo en las montañas.

Moldeando cada bache,
hasta que me invada la paz.
Y no dejaré que se marchen
ni la magia ni las ganas de volar.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

SE VA LA LUZ

Se va la luz.
Se apaga lentamente.
Bailan con el viento
los últimos rayos del sol.
Se detiene.
Irse,
no quiere irse.
Pero no puede evitarlo.
Es su inercia.
Su cadencia inamovible
que la mueve sin cesar.
Se va la luz.
Se resiste a perderse.
Se intensifica para dejarse
un poco aquí, un poco en mí.
Se desvanece...
gradualmente.
Aferrándose,
queriéndome decir,
queriéndome avisar
de que sí, hay luz en mí,
en ti, aquí, en todo,
hasta en la noche
que la viene a ver morir.
Que sí,
que se agarra a mí,
y me deja la vida entera,
para que la vea volver,
y partir en las noches en vela.
Demostrándome que al amanecer,
brillando de nuevo,
renacerá sin fin...

sábado, 20 de junio de 2015

VARAS DE MEDIR

Cuántas varas de medir... ¿cuál es tu rasero? 
¿Con qué excusas delimitas tus sueños? 
¿Por qué a la envidia avariciosa de ese rebuscado amor, 
a veces, se le llama celos, y a veces, posesión? 
Y a veces, tanta presión, para que nadie haga nada, 
sólo dedicarse a llevar la vida ajena mejor que la propia... 

Cuántas flores pisadas... ¿cuáles son tus huellas? 
¿Dónde quedaron las marcas impresas 
para que el destino las descubriera? 
A veces, se ve tanto vacío en los ojos de la gente, 
que el silencio parece la mejor forma de comunicación. 

Las personas no hablan, gritan, 
y ya nunca sonríen, ni tampoco lloran, 
por sí se secaran sus ganas de aguantar un día más. 

¿Cuál es tu postura? ¿Cuál, tu etiqueta? 
Dime que tú respiras donde sólo hablan los dedos 
y que no necesitas medir si el tiempo es de terciopelo... 

La pena ha encharcado el barro, 
que se ha formado alrededor de esa estrecha espesura, 
por la que caminan los que se ahogan en su propia rutina. 
Yo veo cómo todo pasa, 
mientras caigo por el barranco de la inercia que ese desaliento infunda. 
Me despeño entre su zurda cordura 
y mi oscura forma de enfrentarme a la bruma que emana esta marabunta... 
Necesito escuchar tus dedos para no caer en esa madeja de telaraña. 

¿Para qué forzar? ¿Por qué no mejor fluir como cuando se improvisa una canción? 
Con lo a gusto que se está aquí dentro, entre tu pecho y el límite del sol...

martes, 16 de junio de 2015

VERSOS DE MARCA BLANCA


Una palma blanca se lleva la alegría y deja la muerte entre sus dientes. Blanca como una paloma, vuela libre por su boca, y por si se equivoca, recita una letanía peregrina, un son que camina, entre su guarida y la sal de las heridas. Los blancos inmortales dan golpes al aire, atraviesan la fina línea blanca que forma un gran círculo periódico, límbico y silencioso, mientras, poco a poco, la sangre derramada germina y se convierte en un rosal, dependiente de una cánula de hambre y vitamina. Blanca bala, como la suerte y la ironía, en guardia cruza al frente y se detiene esperando el milagro de la vida, estrechando la mano al verdugo que le derriba. El blanco corazón se desangra ferviente y expectante. Sin empujar, sin balbucear, sin complacer a la soberbia ni al orgullo, sin renunciar al murmullo de lo siente más importante. Blanca bolsa de maquillaje, que cubre la amargura y el desastre, que tapa las grietas de un hogar con jardín sin flores, sin puertas, ni paredes, ni estantes. Blancas ganas de comerse la vida, de beberse con pajilla los icebergs a la deriva, y tragarse uno a uno todos los puñales que visitan sus costillas. Inhalando las gotas de lluvia que se pierden entre sus dedos. Matando con arma blanca las agujas de su tiempo. Creyendo que ya muertos, no habrá despedida, ni entierro que dé paso a mejor vida. Caballo blanco que monta tanto como es montado, que cabalgando se lleva las plumas de las blancas aves en paro, que no pueden volar, sino saltar desde lo más alto y planear. Blanco cuchillo atravesando los senderos que marcan sus venas, dejando al caballo enclaustrado en su silla de montar, para que galope en su granero cuando no pueda relinchar. Blancas voces calladas que en silencio gritan su dulce crueldad. Le quitan más de lo que da, le mienten y le dicen que no hay más mundo por el que trotar. Ligeras ropas blancas para un fúnebre cortejo. Tú me amas y yo me dejo. Tú me ganas y yo me pierdo. Tú me dices y yo, consciente, sólo sé creer. Blanco viento de flores blancas que huele a café. Para que el mundo del poder compre otro turno en la blanca costumbre de componer, corromper y recomponer.